Pero a la vez, provoca esa sensación de llevarte a un
estado de éxtasis. De sonreír día a día, siempre que esté cerca. De no poder
dejar de pensarle ni un minuto. De quedarte horas y horas hipnotizada con sus
ojos. De que se te acelere el pulso cuando te habla. De erizarte la piel cuando
te toca. De necesitar un poco más cada día. De sentirte como una yonki cada vez
que no está. De no aceptar que te echo de menos y que éste menos vaya aún a
más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario